El Padre Nuestro

EL PADRE NUESTRO

Mateo 6:9-13

Introducción: El Padre Nuestro fue enseñado por Jesús a sus discípulos como un modelo de oración. Luego que él había terminado un período de oración, uno de sus discípulos impresionado le pidió que les enseñase a orar (Lucas 11:1). Veamos que les compartió Jesús para que esta se llame una oración modelo.

1.       Confianza: “Padre Nuestro…” (v.9).

1.1.    Era común en los hebreos dirigirse a Dios como “padre”.

1.2.    Gracias al espíritu de adopción, todo creyente nacido de nuevo se puede acercar a Dios diciéndole “Padre”: “y por cuanto sois hijos, Dios envió  a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: Abba, Padre!” (Gálatas 4:6).

1.3.    Uno de los temas que Cristo enfatizados por Cristo en el Sermón del Monte fue la paternidad de Dios: (Mateo 5:16, 45,48).

1.4.    Cristo enseñó en el Padre Nuestro a mirar a Dios como un padre amoroso y no como a un ser indiferente.

2.       Reverencia: “Que estás en los cielos” (v.9)

2.1.    Leemos en Job: “No está Dios en la altura de los cielos?” (Job 22:12).

2.2.    En los Salmos leemos: “Nuestro Dios está en los cielos” (Salmos 115:3). Esta es una forma de expresar la grandeza y santidad de Dios en contraste con la pequeñez e imperfección del hombre. También da a entender el control que Dios tiene del universo; por ello no hay problema que sus hijos tengan que El no pueda resolver.

3.       Adoración: “Santificado sea tu nombre” (v.9).

3.1.    Santificar es darle a Dios una adoración de corazón, es además reconocer la cualidad divina de su santidad. Es darle a Dios el lugar especial que merece como objeto de suprema y absoluta reverencia: “Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones” (1ª Pedro 3:15).

4.       Petición: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (v.10).

4.1.    “Venga tu reino”. Es una petición para que se establezca la voluntad de Dios en los corazones de los hombres. Es una petición también por un avivamiento espiritual que traiga en los corazones de los hombres un sincero arrepentimiento de pecado y una visitación poderosa del Espíritu Santo (Habacuc 3:2, Hechos 2:18). Solo así podremos entender y hacer la voluntad del Padre.

4.2.    “Hágase tu voluntad”. Es la petición de estar sujeto a lo que Dios desea. Es la aceptación del hecho de que la voluntad divina es mejor que la voluntad humana. Cristo nos dio el ejemplo orando: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

5.       Dependencia: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy” (Mateo 6:11).

5.1.    “El Pan”. Es el sustento material; aun en las cosas materiales dependemos de Dios.

5.2.    “Nuestro”. Note que dice nuestro, no mío, el cristiano pertenece a una comunidad en la cual debe compartir con el necesitado lo que tiene. No debemos ser egoístas sino generosos.

5.3.    “De cada día dánoslo hoy”. La dependencia de Dios debe ser diaria. Dios disciplinó a su pueblo en el desierto dándoles raciones de comida para cada día. Se debe hacer a un lado de nuestras vidas el afán, la codicia y la avaricia[1] (que es idolatría).

6.       Confesión: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” (v.12).

6.1.    Los pecados son deudas ante Dios que no podemos pagar y que solamente pueden ser perdonados (Mateo 18:27).

6.2.    El publicano oró a Dios: “Se propicio a mí pecador” (Lucas 18:13).

6.3.    También debemos perdonar a los demás las ofensas recibidas, para que podamos ser perdonados (Marcos 11:25-26).

6.4.    Esta debe ser una petición diaria porque diariamente necesitamos ser purificados y limpiados (1ª Juan 1:8-9).

7.       Protección: “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (v.13).

7.1.    Pedirle a Dios que no permita que caigamos en tentación (Santiago 1:13). A no ser inducidos o arrastrados, por nuestra voluntad propia, a la tentación.

7.2.    “Líbranos del mal”. Podemos traducir “líbranos del malo”, o sea del diablo o Satanás. Es una petición de ser protegido no tanto del mal sino del diablo mismo y sus agentes (Efesios 6:12).

Conclusión: El Padre Nuestro no es una oración para repetirla vez tras vez, sino que es una perfecta guía para nuestras oraciones diarias, y un modelo en el contenido de las mismas. Cristo siendo el Hijo de Dios oraba todos los días regularmente.


[1] La avaricia es una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones. La codicia, por su parte es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.

La oración

LA ORACIÓN

(Mateo 6:5-15)

Introducción:

Vamos a desarrollar este tema en base a algunas preguntas frecuentes que las personas se hacen cuando se toca este tema. Creo que es importante dar respuestas a estas inquietudes, aquí un breve aporte al tema.

¿Qué es la oración?

La oración es un diálogo entre el hombre y Dios. Además, es un acto de adoración y comunicación, incluyendo la presentación de nuestros deseos, motivos o nuestras necesidades a Dios, en el nombre de Jesucristo y con la asistencia del Espíritu santo (Romanos 8:26). Es la comunión verdadera con Dios. El primer acto de oración pública, después de La Creación, lo constituye la invocación del nombre de Dios por los hombres al tener Set a su hijo Enós (Gén. 4:26).

¿Dónde se debe orar?

La oración no solo se realiza en el templo, sino también en las casas o en los lugares apartados (Dn. 6:10; Lc. 1:10). En los días de Cristo se hacía en las casas en la planta alta, que era el lugar llamado el aposento alto (Hech. 10:9). Usualmente se hacía de pie (Mt. 6:5), pero también se podía hacer de rodillas (Hech. 21:5), de rodillas es cuando realmente muere el yo (lo que somos, el orgullo, etc.) pues declaramos nuestra dependencia absoluta de Dios. El llamado a orar en estos tiempos es el mismo y debemos hacerlo privadamente (en nuestra cámara secreta) y en público (en las diferentes reuniones). No debemos ser presuntuosos en público si fallamos en lo privado (Mateo 6:6).

¿Cuándo se debe orar?

Según la referencia de las Sagradas Escrituras se debe orar en todo tiempo (Lc. 18:1; Ef. 6:18; 1 Tes. 5:17) y en todo lugar (1 Ti. 2:8). Hoy es generalmente aceptado que todo creyente debe orar por lo menos dos veces al día: al levantarse, y al acostarse. En los tiempos de comida lo que hacemos es dar gracias por la provisión y el cuidado de Dios, no se le debería incluir como un tiempo de oración, pues en menos de un minuto damos gracias. ¿Realmente cuántas veces al día oramos en estos tiempos? ¿Cuánto tiempo le dedicamos a ello? Debemos apartar para la oración un tiempo de calidad delante de Dios. Y no acudir a Dios como que es un bombero o el 911.

¿Cómo se debe orar?

En la oración, lo que más importa es la actitud con que uno se dirige a Dios, que la posición del cuerpo o las fórmulas. Sin embargo temprano debemos salir de la cama para orar y dedicar un buen tiempo a ello. Se debe tener una fe absoluta en Dios para poder realizar la oración y esperar la respuesta. Si tenemos la ayuda del Espíritu Santo en muchos ocasiones ni las palabras son necesarias para que una oración sea eficaz (1a Samuel 1:13). Puede ser un acto de contemplación, o un diálogo espiritual entre el que ora y Dios. En otros casos, una lágrima, un gemido, o el silencio, pueden convertirse delante de Dios en una oración del más alto nivel espiritual (1 Sam 1:10, 12,13; Rom. 8:26). Recordemos que Cristo censuró la mucha palabrería y la falta de palabras sinceras (Mt. 6:7). Así también, la actitud para ostentar religiosidad (Mt. 6:5). En público muchos hacen alarde de que oran, pero la oración en privado a puerta cerrada es de bendición (Mateo 6:6). Debemos reconocer que oraciones precipitadas o hacerlas cuando hacemos otras cosas como ducharnos, manejar el auto, cocinar, etc. no  nos permiten concentrarnos realmente. Debemos darle a Dios siempre lo mejor y no las sobras del día.

¿Cuál es el contenido de la oración? Por lo menos:

  1. Expresar nuestros sentimientos por la bondad y grandeza de Dios (Dn. 4:34-35).
  2. Acción de gracias, en la cual expresamos nuestra gratitud a Dios por todas sus maravillas realizadas en nuestras vidas o en la de otros (Fil. 5:6).
  3. Confesión, por la cual reconocemos nuestras faltas diarias (1Jn. 1:9).
  4. Súplica, en la cual pedimos perdón, gracia o alguna bendición (Mt. 7:7; Fil. 4:6).
  5. Intercesión, es el momento donde pedimos por otros (Stg. 5:16). Incluye enemigos (Mt. 5:44), gobernantes (1Ti. 2:1-3), la obra de Dios y su Reino (Mt. 9:36-38; 6:10).

¿Cuáles son los resultados de la oración?

Por medio de la oración las personas conocen la voluntad divina, la aceptan y son capacitados para llevarla a cabo en su vida (Rom. 8:26-27). Y lo más importante: la respuesta de Dios, que es ese nuestro testimonio personal de la acción de Dios.

Espero que este breve estudio sirva de mucho a aquellos creyentes que aún no han accedido a esta experiencia regular y frecuente con Dios para resolver infinidad de problemas o asuntos vitales para sus vidas. Debemos examinarnos personalmente y reconocer si hemos faltado a este mandato de Dios y hacer un cambio en nuestra vida devocional. Si no somos eficaces en la oración debemos buscar ser llenos del Espíritu Santo para lograrlo. Amén.

Conociendo al Espíritu Santo I

Conociendo al Espíritu Santo.

Introducción:

Si queremos tener intimidad y trabajar conjuntamente con el Espíritu Santo, tenemos que conocerlo bien. Se han usado muchas metáforas[1] para describirlo –el fuego, el viento, el agua, el aceite, la paloma y otras – sin embargo la mayoría de cristianos no conocen quién es él realmente. Veamos lo que dice la Biblia.

1.      El Espíritu Santo es Dios. Muchos grupos heréticos[2] lo han considerado como un poder procedente del Dios Eterno. Sin embargo la Biblia llama Dios al Espíritu Santo. En Mateo 28:19: “Id, pues, y haced discípulos entre todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Vemos que Jesús mismo coloca al Espíritu Santo en la misma posición que al Padre y al Hijo.

2.      Esto sucede a todo lo largo de la Biblia. En Hechos 5:3,4 encontramos las siguientes declaraciones: “Pedro entonces le dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses parte del valor del campo? Quedándose como estaba, ¿no se te quedaba para ti? y vendido, ¿no estaba en tu mismo poder? ¿Cómo es que has concebido esta cosa en tu corazón? ¡no has mentido a los hombres, sino a Dios!

3.      Podemos ver también que el Espíritu Santo es Dios pues realiza una obra que nadie más que Dios Padre podría realizar.

3.1.   Creó los cielos y la tierra. Génesis 1:2; Job 26:13.

3.2.   Resucita a los muertos. Romanos 1:4; 8:11.

3.3.   Hace nacer de nuevo. Juan 3:5-7.

3.4.   Convence al mundo de pecado, de justicia  de juicio. Juan 16:8.

3.5.   Echa fuera demonios. Mateo 12:28.

4.      Además de esto el Espíritu Santo posee todos los atributos[3] divinos:

4.1.   Es Eterno. Hebreos 9:14.

4.2.   Es Omnisciente: 1ª Corintios 2:10.

4.3.   Es Omnipotente: Lucas 1:35. Para él no hay nada imposible.

4.4.   Es Omnipresente: Salmo 139:7,8.

5.      El Espíritu Santo tiene personalidad. No podemos platicar con las piedras, el mar, los árboles o con cualquier cosa creada, el Espíritu Santo por ser una persona divina puede comprendernos y ayudarnos. El Padre es una Persona viviente. Sin embargo nadie le ha visto jamás, él es Espíritu (Juan 4:24). Tenga cuerpo o no es una persona pues tiene todos los atributos de una persona. Jesús mismo no tuvo una forma corporal como la nuestra después de su resurrección.

6.      Breve lista de acciones que solo una persona puede realizar.

6.1.   Habla. Apocalipsis 2:7.

6.2.   Nos ayuda en nuestra debilidad. Romanos 8:26.

6.3.   Ora por nosotros. Romanos 8:26.

6.4.   Nos enseña. Juan 14:26.

6.5.   Testifica de Cristo. Juan 15:26.

6.6.   Nos guía. Juan 16:13.

6.7.   Da órdenes e instrucciones. Hechos 16:6,7.

6.8.   Llama a las persona a la obra de Dios. Hechos 13.2.

6.9.   Fortalece a los creyentes. Hechos 9:31.

7.      Además posee conocimiento. 1ª Corintios 2:10; Romanos 8:27.

8.      Tiene emociones y sentimientos. Romanos 5:5; Efesios 4:30; Romanos 8:26. Es decir que derrama el amor de Dios en nuestro espíritu, es posible entristecerle y gime en ardiente intercesión a favor nuestro.

9.      Tiene voluntad propia y obra según la misma y sus planes. 1ª Corintios 12:11, Hechos 16:6,7.


[1] la metáfora identifica dos términos entre los cuales existe alguna semejanza. Ejemplo “ojos” y “esmeraldas”.

[2] Una herejía, es una opinión, interpretacion o dogma opuesta a la doctrina bíblica.

[3] Cualidades o características.

La expiación

La Perfecta Expiación para el Pecado Personal.

El día más importante en el calendario religioso Judío es el Día de la Expiación (Levítico 16). Es este el día central del Judaísmo aún cuando el sistema de sacrificios llegó a su fin con la destrucción del templo en el año 70 D.C. Es el día mas sagrado en el Judaísmo.

En el día de la Expiación el sumo sacerdote entró en el Lugar Santísimo del tabernáculo en el desierto, y después en el templo de Jerusalén, para hacer expiación por los pecados del pueblo de Israel.

La palabra expiación significa «cubrir» el pecado, y por tanto, «eliminar», «borrar», «cubrir». De esta manera el sacrificio «elimina» la culpabilidad del pecado del hombre ante Dios. La eliminación del pecado realiza la reconciliación entre el hombre y Dios.

Quizás esta es la razón por lo que los rabinos Judíos lo llamaron el «Día» o el «Gran Día».

Dios proveyó el Día de la Expiación para evitar Su ira por los pecados ya cometidos y garantizar Su presencia con Su pueblo.

El sacrificio de la primera cabra y el envío de la segunda para morir lejos en el desierto, estaban destinadas a la limpieza de la nación, el sacerdocio, y el santuario del pecado.

Cada sacrificio en el tabernáculo alcanzó su clímax en ese día. Algo quedo sin hacer en el sacrificio diario y los rituales para cubrir el pecado. Sólo un día del año, el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo y reunirse con Dios ante el asiento de misericordia. Sólo en el Día de la Expiación podría el representante de las personas entrar en el más solemne lugar entre Dios y el hombre. Fue sólo con el sacrificio de sangre del animal sustituto que Él podía entrar en nombre del pueblo y él mismo.

¿Por qué este sacrificio especial por el pecado? Jehová Dios es un Dios santo que no permitirá el pecado en Su presencia. Todas las ofrendas juntas por el pecado no podían proveer por los pecados desconocidos. Con este sacrificio especial Dios proveyó por una completa expiación de todos los pecados cometidos durante el año (Lev. 16:33). ¿Lo hizo?

En realidad, el sacrificio de expiación en este día tan especial no cubre todos los pecados de una vez por todas, porque tuvo que ser repetido anualmente. Fue un «tipo» junto con todos los demás sacrificios Judíos de la expiación, que Dios un día quería proveer el sacrificio perfecto el Cordero de Dios, Jesucristo. Nuestro gran sumo sacerdote, Jesús Cristo, ofrecido a sí mismo en el derramamiento de su propia sangre en el Calvario para expiar los pecados del mundo (Hebreos 9:11, 12; Rom. 3:25; 5:9-10 1ª Cor. 5:7, 2ª Cor. 5:18-21; Gál. 3:13-14; 1ª Pe. 1:18-19, 1ª Jn. 2:2, 4:10; Apoc. 5:9).

La muerte de Jesucristo es el cumplimiento de todo lo que fue representado en el sistema expiatorio del Antiguo Testamento. Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2ª Cor. 5:19).

El sacrificio de Jesucristo garantiza nuestra «eterna redención.» Lo que el imperfecto sacrificio de los animales no puede hacer, Jesucristo lo hizo de una vez por todas para todos los que en Él creen.

Cristo nos representó en Su muerte. Él es nuestro sustituto. «Uno murió por todos» (2ª  Cor. 5:14). Nuestro abogado ante el Padre en defensa de nuestro caso, con Su sangre (1ª Jn. 2:2). Dios gentilmente proveyó el sacrificio perfecto por nuestros pecados. Fue un acto de gracia de Dios para el hombre pecador. La muerte de Jesucristo es lo que ofrece expiación por el pecador. Nosotros podemos venir ante la presencia de Dios solamente por la sangre (Mat. 26:28; Lc. 22:20; Col. 1:20). La expiación de Jesucristo es de una vez y para siempre, nunca se repite.

En el Antiguo Testamento la idea de la sustitución es frecuente en la expresión «por nosotros», «por mí». Jesús «se dio a sí mismo en rescate por todos» (1ª Tim. 2:6a, 2ª Cor. 5:21; Mrc. 10:45). Se convirtió en una «maldición por nosotros» (Gálatas 3:13). El derramamiento de sangre fue central para hacer expiación por el pecado. Una muerte ocurrió. Alguien murió por el castigo del pecado

(Hebreos 9:22; Rom. 5:8; Jn. 1:29, 36; 1ª Pedro 1:18-19).

Una de las expresiones más claras de la idea de la sustitución es la involuntaria profecía del sumo sacerdote Caifás en el juicio de Jesús en las primeras horas de la mañana del día en que Jesús murió. «ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca» (Juan 11:50).

Es fundamental que cada individuo se apropie de la expiación de Jesucristo por la fe. Nadie más lo puede hacer por usted. Usted debe poner su fe en Cristo como su sustituto, a fin de ser salvo del pecado y de pasar la eternidad con Dios en el cielo.

Usado con permiso.