«La respuesta a las falsas enseñanzas no es gritar más fuerte, sino vivir de una manera más pura».
– Richard D. Emmons.
«La respuesta a las falsas enseñanzas no es gritar más fuerte, sino vivir de una manera más pura».
– Richard D. Emmons.
Bill Beckham ha descrito la iglesia celular como un pájaro de dos alas que tiene una “ala grande” y “una ala pequeña” Las dos alas se describen claramente en un versículo, Hechos 2:46; (1) ellos fueron al templo para oír a los Apóstoles enseñar y (2) romper pan en las casas. Las dos dimensiones de la iglesia celular requieren tanto la enseñanza como la profetización.
El ala grande es para la instrucción bíblica, equipando a los creyentes para la obra del ministerio. La gran reunión de creyentes tomó lugar en el templo de Jerusalén. En Éfeso, Pablo enseñó a los grupos grandes en la escuela de un llamado Tiranno. Ellos también se reunieron en Corinto en el “primer día” (Hechos 16:2). En Hechos 20:7, los creyentes estuvieron junto con la gente en Troas en el primer día de la semana como Pablo les enseñó cuando entraba la noche. Seguir leyendo «Bases bíblicas para las grandes reuniones.»
Un nuevo estudio señaló que los padres que no se molestan en establecer una rutina para hacer dormir a sus hijos podrían perjudicarlos, limitando su poder cerebral. Científicos de la Universidad de Londres descubrieron que los niños de tres años que se acuestan tarde con frecuencia tienen problemas en matemáticas, lectura y conciencia espacial de más grandes.
Según los expertos, la falta de sueño puede alterar los ritmos naturales y afectar cómo el cerebro puede incorporar información nueva. Seguir leyendo «Acueste temprano a sus niños»
San Pablo debía tener en sus libros y pergaminos (cf. 2 Ti. 4:13) esta palabra del Señor: «que el hombre no separe lo que Dios ha unido» (cf. Mt. 19:6). Sin embargo, no la cita nunca. Solo indirectamente es posible decir que para san Pablo también es Dios mismo quien se encuentra al origen del matrimonio. Se dan como prueba las siguientes consideraciones:
a. Incluso si la necesidad del matrimonio se hace sentir por el ardor de los sentidos (1 Co. 7:9) y por «una vitalidad desbordante» (1 Co. 7:36), no hay que ver en ello una vergüenza, sino un don, un carisma recibido de Dios (1 Co. 7:7). Su sed de salir de su aislamiento y de encontrar un sentido a una parte esencial de ellos mismos que sufre por su vacuidad, como el aburrimiento punzante de Adán enumerando los animales del paraíso (cf. Gn. 2:20b), viene de Dios. Dios hace nacer en ellos esta súplica, cuyo otorgamiento será el matrimonio. No hay, pues, ninguna vergüenza en desear casarse, ya que este deseo es una súplica legítima que Dios escucha y que, incluso, suscita.
b. Si San Pablo en Efesios 5:31 cita, a propósito del misterio conyugal, el relato del primer matrimonio, entiende que todo verdadero matrimonio es contraído a la imagen del matrimonio del Isch (hombre) y la Ischa (mujer), narrado en el segundo capítulo de Génesis. Es decir, que Dios por su activa voluntad es quien trae la esposa al esposo para que él no la tome, sino que la reciba de su mano. Seguir leyendo «La constitución del matrimonio»
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