La revelación de la honra

Hay niveles y medidas de autoridad en el Reino. Usted tiene que discernir el nivel de autoridad de la persona, o se familiarizará con ella, pensará que es igual a ella, y la menospreciará. Por ejemplo: Los padres se convertirán en amigos de sus hijos y los hijos comenzarán a pensar que ellos son igual que sus padres, y ya no los honrarán.

La revelación de la honra produce un gran impacto. Si usted honra a un profeta, entonces la unción, gracia y favor sobre la vida de él, vendrá sobre su vida.

A través de la honra usted tendrá acceso
a lo que esa persona carga en el espíritu.

Usted no necesita esperar que un apóstol le imponga manos y le imparta. Eso comienza en las manos suyas.

La honra coloca una demanda
sobre lo que una persona carga.

Una vez que usted entiende y tiene revelación de los principios de la honra, debe trabajar ese principio y demostrar honra a aquellos que están por encima del nivel suyo.

Fuente: El Rey Jesús.

Predicador

‎PREDICADOR. (Del gr. keryx, heraldo, el que comunicaba al pueblo las noticias del reino). Orlando E. Costas (1942–1987) señala: «Entre las múltiples responsabilidades del pastor, la que tiene mayor prioridad es la predicación. El énfasis que se le dio a la predicación en la liturgia protestante a partir de la Reforma, hizo que ésta se convirtiera en la tarea más importante encomendada al pastor. De ahí que, en la mayoría de las iglesias protestantes, la eficiencia de un pastor se mide gen. por su éxito como p.» Según J.A. Broadus, los requisitos personales del p son: una vida de santidad, dotes naturales, amplios conocimientos generales y de la Palabra de Dios, y habilidad para preparar y presentar el sermón.

Fuente: Deiros, P. A. (2006). Preacio a la Edicion Electronica. En Diccionario Hispano-Americano de la misión. Bellingham, WA: Logos Research Systems.

El principal mandamiento

«Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento». (San Marcos 12: 30; RV 1960).

¿De qué hay que huir?

Los solteros cristianos (hombres y mujeres) deben entre otras cosas huir de las relaciones sexuales fuera del matrimonio (fornicación), ese es un mandato del Señor: «Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios» (1a Corintios 6:18-20).

Jóvenes (muchachos y muchachas) huyan de esos que todo lo quieren hacer a escondidas y que solamente buscan la gratificación sexual pues estos padecen de lascivia y de inmundicia, huyan de ellos como si fueran una peste.

Los casados deben vivir una vida santa y no dejarse envolver en el adulterio, es decir tener relaciones sexuales con otra persona que no sea su esposo o esposa. Los fornicarios y adúlteros y serán juzgados por Dios (Hebreos 13:4). Los que viven en unión libre cásense para dar testimonio de que temen (respetan) y aman a Dios, no piensen en gastos excesivos háganlo con moderación, sobriedad y equilibrio.