Liberación de demonios

por Enrique Juárez

El domingo recién pasado he iniciado una breve serie de sermones sobre liberación de demonios. Hice una breve exposición sobre manifestaciones y actividades de demonios en diferentes épocas, las cuales encontramos en La Biblia. Es importante conocer al respecto pues el pueblo de Dios desconoce sobre este aspecto o está mal informado. Hay que aprender a discernir (hacer diferencia) sobre las obras de la carne y las diferentes manifestaciones espirituales: el espíritu del hombre, los espíritus inmundos y la del Espíritu Santo.

No hay que subestimar las maquinaciones del diablo y su poder pero tampoco hay que sobredimensionarlo, en todo momento siempre debemos reconocer la grandeza de Dios, el poder que tenemos en el nombre de Jesús y la cobertura de su preciosa sangre. La liberación es para el pueblo de Dios, para que pueda disfrutar a plenitud de las promesas de Dios.

No todo es demoníaco, por ejemplo: hay enfermedades por causas naturales como vejez, descuidos, cambios climatológicos, etc. pero también hay enfermedades provocadas por fuerzas demoniacas. Las naturales serán tratadas por medios naturales y por los especialistas en el ramo como los médicos (1), pero las de tipo espiritual deben ser tratadas con el poder y la dirección del Espíritu Santo, por creyentes debidamente capacitados e instruidos al respecto, sin caer en excesos aunque si pueden haber manifestaciones y evidencias físicas.

Nota del autor: (1) Aunque Dios continúa sanando y haciendo milagros en el nombre de Jesús, donde el hombre se siente imposibilitado, El Señor todo lo hace posible.

No a la idolatría

Una de las causas de sequedad espiritual es la idolatría, por eso los creyentes no deben guardar fetiches, imágenes, cuadros, crucifijos, ángeles, etc. El diablo es muy sutil y puede engañar fácilmente a los incautos. Pero también puede haber una clase de idolatría escondida en lo más profundo del corazón.

El mandamiento de Dios es muy claro: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo (donde Cristo está), ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra” (Éxodo 20:3-4).

Además la Biblia dice: “Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios: y no quiero que vosotros os hagáis participes con los demonios” (1 Corintios 10:20).

Deje a un lado la rebeldía (desobediencia, resistencia) y la obstinación (terquedad, empecinamiento) la Biblia nos dice que la primera es como pecado de adivinación (hechicería, y esta trae maldición), la segunda es como pecado de idolatría (también es causa de maldición), a estos pecadores Dios los desecha por desobedientes. “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). Saúl seguía reinando, pero era un rey desechado, hay creyentes que se sientan en sus sillas durante los servicios dominicales, pero Dios está lejos de ellos a causa de su pecado.

No participe con los demonios incautamente, el que pretenda ser sabio que atienda y obedezca a las Palabras de Dios y a sus mandamientos. Si tiene que arrepentirse, hágalo pronto. El que a Él viene, no le echa fuera. Haga cambios en su vida y camine por el camino correcto.

Un verdadero discípulo

Notas del Sermón Dominical del 17 de Mayo de 2015, espere el audio.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24).

¿Qué es un discípulo?

Es uno que aprende instrucción de otro. No son simplemente alumnos, seguidores o simpatizantes, son imitadores de sus maestros. Siguen las instrucciones recibidas aunque al principio no entiendan el por qué de las cosas pero al final de la tarea comprenderán y se gozarán.

Nunca irán más allá de los límites que se les han establecido y tomaran iniciativas cuando se les haya delegado responsabilidad y no antes de ello y siempre estarán dispuestos a dar cuentas con alegría y a ser corregidos cuando fuere necesario.

El verdadero discípulo nunca intentará usurpar la autoridad que Dios ha puesto sobre su vida y siempre será un colaborador fiel. El discípulo verdadero siempre será parte de la solución y no parte del problema. Seguir leyendo «Un verdadero discípulo»

Los diez mandamientos. Segunda parte.

Segunda Parte

Introducción.

Uno de los grandes acontecimientos de la historia de Israel, y quizá de toda la humanidad, es el momento en que Dios promulgó su ley en el monte Sinaí. Ésta no fue dada para que los israelitas pudieran llegar a ser justos si la cumplían, el propósito era que tomaran conciencia de su naturaleza pecaminosa.

Desarrollo.

1. La justificación no se logra por medio de obras. “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Romanos 3:20); “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11). Porque la justificación ante Dios siempre ha sido a través de la fe (confianza) en el Señor, “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6); “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia; por lo cual también su fe le fue contada por justicia.” (Romanos 4:3; 22); “sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16). Seguir leyendo «Los diez mandamientos. Segunda parte.»